El IUCA obtiene genomas mitocondriales de huesos de entre 4.000 y 12.000 años de antigüedad

Categoría: Universidad Autor: Redacción AU

El investigador Araid especializado en ADN antiguo en el Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA) de la Universidad de Zaragoza, Pere Bover, ha liderado un estudio internacional que ha obtenido genomas mitocondriales de huesos de entre 4.000 y 12.000 años de antigüedad. El hallazgo proviene de un bóvido fósil endémico de las Islas Baleares.

El investigador Araid especializado en ADN antiguo en el Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA) de la Universidad de Zaragoza, Pere Bover, ha liderado un estudio internacional que ha obtenido genomas mitocondriales de huesos de entre 4.000 y 12.000 años de antigüedad. El hallazgo proviene de un bóvido fósil endémico de las Islas Baleares.

La revista Quaternary Science Reviews ha publicado el estudio sobre el análisis de hasta trece genomas mitocondriales completos o parciales obtenidos de huesos de Myotragus balearicus. Se trataba de un caprino de pequeño tamaño (los individuos adultos más grandes tenían una altura de unos 50 cm), con órbitas oculares frontalizadas, huesos de las extremidades cortos y robustos, y con una reducción proporcional del tamaño del cerebro, entre otras características.

A estos resultados se han obtenido a pesar de tratarse de materiales procedentes de ambientes poco propicios para la conservación de ADN como son las islas mediterráneas.

El análisis de ADN antiguo, es decir, procedente de muestras fósiles o arqueológicas, se ha convertido en una de las herramientas principales para realizar un gran abanico de estudios de especies o poblaciones extinguidas. “La obtención de material genético de huesos, dientes, pelos u otros tipos de restos de vertebrados extinguidos se ve particularmente complicado por la degradación que sufre el ADN tras la muerte del organismo, especialmente en zonas cálidas y húmedas, donde estos procesos se aceleran e intensifican, al contrario de lo que ocurre en ambientes secos y fríos”, destaca el investigador Pere Bover, que recientemente se ha incorporado también al equipo de investigación del proyecto Atapuerca.

En este sentido, la región mediterránea no está considerada una de las mejores zonas para la conservación del ADN debido a su rango de temperaturas y humedad. Otro de los factores que influye en la conservación del ADN es la estabilidad de la temperatura del lugar donde se ha depositado el fósil, siendo mayor la probabilidad de obtener material genético a partir de muestras procedentes de yacimientos dentro de cuevas.

Las mejoras de técnicas de laboratorio y el mayor entendimiento de los patrones de degradación del material genético están permitiendo cada vez una mayor obtención de genomas, especialmente mitocondriales, de animales que perecieron hace miles de años. El genoma mitocondrial (o fragmentos), el cual se transmite prácticamente de forma exclusiva por vía materna, ha sido de gran importancia para los estudios paleogenéticos ya que su mayor número de copias respecto al genoma nuclear hacen que hayan sido ampliamente usados en esta disciplina.

Este bóvido endémico, descrito por primera vez por Miss Dorothea M. A. Bate en 1909, vivió en las islas de Mallorca, Menorca, Cabrera y Sa Dragonera, y ha sido considerada una de las especies más representativas de las faunas insulares del Mediterráneo por las características anatómicas peculiares adquiridas durante su largo proceso en condiciones de aislamiento.

El análisis filogenético de la secuencia completa de unos de los genomas permite indicar relaciones de parentesco del bóvido balear con el takin (Budorcas taxicolor), un caprino actualmente distribuido en las zonas montañosas del Himalaya, así como descartar su relación filogenética directa con el género Ovis, tal como estudios anteriores habían sugerido. Debido a que todos los genomas proceden de muestras encontradas en cuevas de la Serra de Tramuntana de Mallorca, no se ha podido realizar un análisis minucioso sobre la paleodemografía de esta especie en las dos islas principales que habitaba, aunque sí que han demostrado la presencia de individuos con un estrecho parentesco en la misma zona durante casi 4.000 años, o la presencia de más de una línea materna en la misma zona de forma coetánea, es decir, genomas mitocondriales con mutaciones diagnósticas generadas con miles de años de diferencia.

Este estudio supone un avance en el análisis filogenético de esta especie emblemática de la paleontología insular a nivel mundial, además permite seguir ampliando el rango geográfico en el que los métodos de obtención de ADN antiguo pueden ser aplicados, especialmente en materiales procedentes de ambientes poco propicios para la conservación de ADN como son las islas mediterráneas.

El estudio ha sido liderado por el doctor Pere Bover, investigador Araid en el Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales (IUCA) y del grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza y el doctor Joan Pons, científico titular en el Institut Mediterrani d’Estudis Avançats (Imedea, CSIC-UIB) de Mallorca, y ha contado con la colaboración de científicos del Imedea, el Australian Centre for Ancient DNA de la University of Adelaide (Australia) y el Institut de Biologia Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona.

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